A Carlos III el Castillo de Windsor nunca le gustó. El excesivo ruido de los aviones del cercano aeropuerto de Heathrow le hacían que no quisiera vivir en la fortaleza favorita de Isabel II. Sin embargo, en los últimos meses parece que algo está cambiando. El Rey lo está adaptando a sus gustos para convertirlo en un hogar y está dejando su sello ecologista. Así, además de renovar habitaciones, de traer sus objetos personales, se están instalando puntos de recarga para vehículos eléctricos y plan